Sobre Roma
La elección del coche depende de dónde vaya a rodar, no solo de la marca. Un Rolls-Royce Cullinan o un Mercedes GLS Maybach ofrecen el espacio y la posición de conducción adecuados para desplazamientos entre el EUR y Fiumicino o Ciampino, mientras que para moverse dentro de Roma, entre Prati y Via Veneto, conviene una carrocería más contenida: las calles de zonas como Trastevere o Monti no están pensadas para todoterrenos anchos, y un sedán como el Mercedes S400 Long o un Maybach S580 se maneja con más soltura. Si el plan incluye una escapada por la SS218 hacia Frascati y Castel Gandolfo, o una salida por la A24 hasta Tívoli antes de que arrecie el tráfico de media mañana, un Bentley Continental GTC Speed descapotable o un Bentayga V8-S dan más margen que un coche pensado solo para la ciudad.
El centro histórico de Roma —Tridente, Trastevere, Centro Storico— está protegido por cámaras de ZTL, así que no tiene sentido pedir una entrega junto al Coliseo sin permiso: la recogida y devolución se organizan en un hotel fuera de esa zona, en Prati o en el EUR, o directamente en Fiumicino y Ciampino. Aparcar en el centro también es limitado, con parkings subterráneos cerca de Termini y del Vaticano como opción más realista que buscar sitio en la calle. Para trayectos más largos, como un día hacia Orvieto por la A1 o una recogida de cruceristas desde Civitavecchia por la A12, conviene calcular la ruta con margen, especialmente si se intenta llegar hasta la costa de Amalfi en el mismo día: son más de 250 km y la SS163 se congestiona con facilidad en verano, por lo que muchos clientes prefieren salir muy temprano o plantear una noche en la zona antes de volver.